Relatos Comunes: 200 Pesos

Ya es la hora, ella lo sabe. Lo espera a diario, es su momento. Nada ni nadie puede detenerla, sería un esfuerzo inútil. Hoy es el día, no lo duda. Ella sabe que su suerte cambiará. Ya es la hora, ella lo sabe.

Camina hasta el almacén, ese que tantas veces le salvó de días en donde nada había para comer, y mucho había por lamentar, repitiendo ese rito sagrado, esa peregrinación y viaje espiritual de todos los días, donde sus miedos y preocupaciones, se desvanecen para transformarse en júbilo y excitación.

Con fuerza agarra el monedero, repasando de memoria los parlamentos a intercambiar con el casero, de forma mecánica, porque poco le importa las anécdotas del día, que el pan cueste $100 más por kilo, que las verduras llegan añejas del mercado, o que su lista de fiados ya completa 2 cuadernos y medio, por lo que debe subir los precios para poder sacar ganancias.

Apenas le entregan los víveres que necesita (un kilo de marraquetas crujientes y calientes, un pan de mantequilla duro y frío, y unos caldos concentrados), su vista se aleja de ese mostrador – mesón – refrigerador, y dejando el dinero adeudado, camina hasta esas máquinas luminosas que resaltan de inmediato entre las papas, las cebollas, y los sacos de verdura sin abrir.

Los colores, los sonidos, los brillos, y las imágenes se confunden en su mente. Para ella, todas son hermosas, y no ser parte de ellas, sería un desperdicio. La maquina la invita a tentar a su suerte, y ella lo sabe. Decidida, toma 200 pesos de su monedero, las introduce en ella, aprieta el botón más grande y luminoso, y por unos segundos, el mundo deja de ser el que conoce, y un futuro mejor aparece en sus ojos. La realidad cambia, es otra para ella. Todo es distinto, todo es mejor. Su mente divaga, un nuevo porvenir se le presenta…

…¿Y si lo que gane sirve para comer, por un día, algo que no sea sopa, fideos, y arroz?; ¿Y si lo que saldrá sirve para comprar ropa nueva, para poder deshacerse de las pocas pilchas remendadas hasta más no poder?; ¿Y si por fin, con lo que gane, podremos arreglar el calefont, para poder volver a ducharnos con agua caliente en los fríos días del invierno?; ¿Y si por fin, con lo que salga, puedo llevar a los niños al zoológico, o al cine, o a cualquier lugar alejado de la televisión?; ¿Y si la suerte lo quiere, y lo que gane me sirve para comprarle los anteojos que tanto necesita mi hijo?; ¿Y si lo que gane me sirve para poder poner el depósito tan ansiado para la casa propia, y dejar de vivir como sardinas apretadas, en la casa de mi madre?…

Ella sueña despierta. Sus ojos están absortos en el vacío del colorido de las luces y las formas que adornan la máquina traga monedas. Una realidad menos dura es lo que las luces, los sonidos, y esos 200 pesos le prometen, en esos segundos que le parecen eternamente fugaces que la hacen feliz, despreocupa, suelta, en fin, libre de una realidad que ella odia. Mientras la mantequilla se derrite, y las marraquetas se enfrían, los 200 pesos ya no son 200 pesos, son más que eso. Más y más monedas brillantes extienden la promesa de un futuro mejor, que las mentirosas luces, botones, y sonidos, le juran y re contra juran a ella. Pero eso no le importa, en su interior, ella sabe que están jugando con sus esperanzas, y a pesar de eso, se deja llevar, porque la sensación de ser libre, es más que toda la razón.

La máquina se detiene. Las luces se apagan, y ya no juegan con los sentidos de ella, rompiendo el hechizo de un nuevo día feliz. Los sonidos se pierden entre los ladridos de los perros, los autos que corren veloces por las calles, y el cuchicheo incesante de esas mujeres que disfrutan del dolor ajeno. Ella despierta del sueño, negándose a asumirlo, creyendo que es una mala broma, y con la sonrisa perdida, ve que esos 200 pesos ya no están, no existen más para ella. Las marraquetas están heladas, la mantequilla está blanda y caliente entre sus piernas, y el caldo emite un suave aroma a cariño prefabricado que, en estos momentos, no le sirven ni bastan para amortiguar la decepción, la pena, y el dolor que ella siente ahora.

Con pasos tristes, lentos, y cancinos, camina de vuelta a casa, relamiéndose el gusto del hechizo del que acaba de salir. Y mientras rememora lo vivido, su cara dura y abatida, cambia a una sonrisa fresca y radiante. Hoy no fue ese día que tanto esperaba, pero mañana será otro día, y ese mundo mejor que tanto imagina, está cada vez más cerca. Porque ya es la hora, ella lo sabe.

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Acerca de Don Nico

Dibujante y guionista, metalero, libre pensador. Director General de http://cuatroesquinas.net, y Editor de http://spartans.cl ... Y un weón cara de raja!!!.- Más info de este gandúl en https://rinconbananero.wordpress.com/ y en http://twitter.com/Don_Nico/ . Entre y conozca un poco más de este monumento a la decadencia humana conocida como Don Nico... Total, es gratis...

Publicado el 28 octubre, 2010 en Relatos Comunes y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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